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El nuevo brote de mi monstera (sobre plantas, cortes y lo que la IA no sabe)

  • Foto del escritor: Nekane Garcia
    Nekane Garcia
  • 7 jun 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 9 jun 2025


Hace unos días soñé con la IA. No fue un sueño distópico, ni una pesadilla futurista. Todo lo contrario. Soñé algo más cursi-hippy-romántico. Gracias a ella podía hacer que en mis paredes salieran flores, todas las que yo quisiera. Las tocaba, incrédula, y pensaba que, al menos, el invento que tanto me asusta me servía para decorar la casa. Casi como si la IA se hubiera colado en mis sueños para decirme no me temas tanto. Escalofrío.

Tenemos una relación amor-odio. Debo admitir que hablo mucho con ella. Más de lo que quisiera. Y tenemos conversaciones a veces excesivamente profundas (confesad, sé que no estoy sola en esto). Una vez le pregunté cuánto duraba un duelo. Quería números, días, meses, lo que fuera. Empezar la cuenta atrás. Apuntar la fecha final en mi calendario, ir preparando la vida de después.


Se quedó bloqueada, pensando. Demasiado pedir. Tardó tanto en responder que me dio tiempo a verme desde fuera y morirme de vergüenza.


Así que intenté volver a la realidad, a la terrenal. Me dispuse a cuidar de mis plantas, que había tenido abandonadas de tanto intentar reverdecer yo.


Empecé por la monstera, al lado de mi escritorio, con sus ramitas cansadas. Corté una que estaba muerta, aunque yo no quería, pero estaba ahí, colgada, torcida, medio rota, gritándome que YA. Era hora. Llevaba semanas resistiéndome. Pero a veces hay que cortar las cosas aunque de pena, aun con miedo a los fantasmas que aparecerán donde antes habitaban ellas, porque si no, ¿de dónde sacar fuerzas para lo que está por nacer? Es imposible.


Unos días después volví a soñar con lo mismo. El sueño de las paredes.


Y al despertar, me di cuenta de que había un nuevo brote en la monstera. Chas, ella sí tenía la respuesta a mi pregunta. No me había dado una fecha, pero sí la confirmación de la necesidad del corte, de la utilidad del vacío.


Y ahora no paro de mirarme el cuerpo, para ver si a mí también.


Durante la espera haré escapadas al vivero. Qué remedio. Necesito llenar mis paredes de flores.


 
 
 

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