Pero los zombies no se querían curar (miguitas de pan en mis notas del móvil)
- Nekane Garcia
- 6 jun 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 9 jun 2025
De vez en cuando recorro mis notas del móvil en busca de tesoros perdidos. Buceo entre listas de la compra, poemas a medias, películas por ver, una receta que hice de alubias riquísimas, frases que me atraparon o el número de cuenta de mi casera. La lista continúa hasta el infinito.
A veces, solo pierdo el tiempo, pero otras, en medio de todo eso, encuentro pequeñas joyas: el germen de algo, los mapas para salir de mis laberintos mentales. A veces me tropiezo con pequeños chispazos, momentos de lucidez sin pulir, aun pendientes de descifrar. La prueba de que, en algún momento, lo entendí todo. Todo tuvo sentido.
Pero no me lo puse tan fácil: no me dejé por escrito la receta mágica, el camino exacto para volver a esos lugares.

En una nota, por ejemplo, escribí: Nunca tan conectada con la vida. Así sin más. Sin contexto, sin continuación, sin ninguna explicación aparente. Siento envidia de mí, de ese momento de gloria imposible de replicar. No sabría por dónde empezar.
En otra, aún peor: Creo que sé lo que quiero hacer. No anoté el qué. Solo mi yo del pasado tuvo el privilegio de poseer esa información. No sé con qué conecté o qué supe con tanta certeza, pero al parecer no quise dejarlo por escrito, o quizás es que esas cosas, de tan abstractas, no se pueden escribir.
Alguna vez tuve todas las respuestas, y decidí olvidarlas de nuevo.
A veces me quedo un rato en notas que me trasladan a algún momento que recuerdo a la perfección.
Frente a la estación de tren una niña le explicaba una película a su abuelo (que la miraba con ojos tiernos). Me perdí el argumento, pero me quité los auriculares justo a tiempo para quedarme con lo importante. La conclusión. La moraleja. Escribí sus palabras:
Tenían la cura. Pero los zombies no se querían curar.
Pues eso.




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